Los clubes de fútbol dedican mucho tiempo a pensar en su imagen.
El escudo, los colores, las camisetas, la tipografía, los gráficos y la imagen del estadio forman parte de su identidad.
Pero la experiencia del aficionado no es solo visual.
También se escucha.
Un artículo reciente de 2Playbook analiza el creciente papel del branding sonoro en el fútbol y plantea que la música y el sonido pueden formar parte permanente de la identidad del club, no solo de campañas o días de partido.
Pensemos en los sonidos que los aficionados asocian con un club.
Un cántico desde la grada. Una canción antes del pitido inicial. La música cuando marca el equipo. El sonido que acompaña a los jugadores al salir al campo. Incluso el audio utilizado de forma constante en redes sociales y vídeos.
Por separado, pueden parecer pequeños detalles.
Juntos, pueden convertirse en parte de lo que transmite un club.
Eso importa porque las marcas futbolísticas se construyen mediante repetición, emoción y memoria.
Los aficionados pueden olvidar el resultado exacto de un partido, pero suelen recordar la atmósfera: con quién estaban, qué cantaba la grada y qué sonaba antes de que salieran los equipos.
Cuando esos sonidos son coherentes con la identidad del club y auténticos, pueden generar reconocimiento y sentimiento de pertenencia.
También existe una oportunidad comercial.
Una identidad sonora sólida puede utilizarse en el día de partido, contenidos digitales, eventos y activaciones de patrocinio, ofreciendo a los socios comerciales algo más interesante que otro espacio para un logo. 2Playbook señala que esto puede generar valor para la marca, la cultura y el negocio.
Para los clubes más pequeños, esto no exige un himno costoso ni una compleja estrategia de audio.
Puede empezar con algo más sencillo: identificar los sonidos, canciones y rituales que los aficionados ya asocian con el club y utilizarlos de forma coherente.
Porque la identidad de un club no es solo lo que ven los aficionados.
A veces, sus elementos más poderosos son los que se escuchan.

